24 de mayo de 2009

Agradecimiento




Esta crítica la ha publicado Juanjo Blasco Panamá en el suplemento Artes y Letras, del Heraldo.

No conozco a este señor, pero el guardo un beso.
No encuentro el acceso al original, así que vuelco el texto.

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Fallarás: tiempos afilados

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Vivimos en un engaño. Solamente tenemos una vida, así que debemos aprovecharla al máximo, sacarle todo el jugo, engañarnos cuando sea necesario para dar sentido a algo que, la mayor parte de las veces, no lo tiene.
Decía Juan Luis Panero, el mayor de la saga maldita, que “uno vive su vida, no vive la vida de los demás”. Dice cristina Fallarás –zaragozana instalada en Barcelona que acaba de presentar su novela en la FNAC- por boca de su personaje que “uno no puede ponerse nunca en el lugar del otro. Uno es uno”. Amén.
Lo que plantea ‘Así murió el poeta Guadalupe’ (Cristina Fallarás, Alianza Literaria, 2009) es la entrevista a una persona que pensó que podía ser libre y que obró en consecuencia. Que disfrutó de los placeres y el lujo de una España todavía llena de claroscuros y que pensó por un momento que la vida le debía algo, que era alguien afortunado a quien los astros sonreían y que desde el barro y el desprecio había sido descubierto para no se sabe bien qué lujos y aromas. Momentáneamente es así y luego el horror hace su entrada triunfal.
No es un libro sencillo, éste. Obliga (lo que es un placer) a seguir os monólogos de una entrevista en la que rencor, la ira y finalmente el sometimiento ante lo inevitable va tomando cuerpo para llevar al lector desde una perspectiva casi aséptica al enfrentamiento con la crueldad en su(s) forma(s) más despiadada(s). Una España previa a la Transición donde el “diferente” podía hallar, si era elegido, paraísos que en poco tiempo resultan el más espantoso de los infiernos. Todos necesitamos un hogar y si somos acogidos en un mundo mágico, perfecto, pero ¿qué sucederá cuando nos pongan en nuestro sitio, cuando nos recuerden que no somos más que una basura con la que se puede jugar, a la que se puede destrozar y torturar? ¿Qué sucederá cuando descubramos que Disneylandia se acabó?
Recluida en un sanatorio una persona recuerda sus años de esplendor en un albañal, las fiestas, la alegría… y la llegada del horror. La búsqueda desesperada de la belleza (“solamente tendrás una vida, así que más te vale coger de la existencia las aventuras que más te acerquen a la belleza en general y a tu propia belleza, porque eso te llevarás cuando desaparezcas”) y la asunción de todo el daño que puede hacerte la gente poderosa para la que eres apenas un guiñapo y se encargarán de recordarte que no eres de los suyos, que no perteneces a tan selecto club.
Libro irónico y brutal por momentos, Cristina Fallarás navega de manera inteligente entre el juego de los espejos (nada es lo que parece) y una capacidad para describir el horror en su estado más puro que asusta: no conviene dar demasiadas pistas de la trama pero hay un par de momentos negros, negrísimos donde incluso el lector más experimentado nota un escalofrío por el espinazo.
Cristina Fallarás es una periodista aragonesa que vive en Barcelona. El poeta Guadalupe es alguien que pisó el Paraíso y descubrió el Hades. “Cuando guardas secretos, más vale reírte de ellos o acabas reventado”, dice. A veces la disyuntiva es una copulativa. Espléndido libro.

JUANJO BLASCO PANAMÁ

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo'pario, pedazo de critica.
A la espera de pelpa impreso, abrazo grande de R.eltioPepA.

Anónimo dijo...

Tampoco conozco a Juan Blasco Panamá pero suscribo todo lo que dice. Enorme novela.

Janton dijo...

Yo también suscribo la crítica y la admiración y el escalofrío.

He terminado la novela de un tirón y voy a empezar a leer otra vez, más despacio. Recreándome, aunque no sé si es la palabra adecuada. Disfrutando más, eso sí.

Tiene Ud. una pluma, apreciada Sra. Fallarás, admirable en todo. Describe con la misma brillantez desde las etéreas bóvedas celestes al más negro y profundo infierno, juega con la narración, con los personajes y sobre todo con los lectores, a quienes provoca toda la gama de emociones, de la compasión al odio, de la comprensión a la indignación.

Peaso novela ha escrito Ud.

Solo espero que no sea la última.

juanjo blasco dijo...

Gracias por tan entrañable comentario. El mérito, Cristina, está en tus líneas. Si conseguí transmitir algo de la emoción que la novela me produjo,estupendo.Beso recibido.