4 de mayo de 2009

Otro desastre




Hoy me he echado a la calle a las seis de la mañana. Compulsión, se llama. Y también la necesidad de sustituir la habitación propia que me falta por una hora propia. Ésa, y en la calle.

Vivir en el centro de Barcelona, hasta hace nada, significaba salir a una ciudad que vive a cualquier hora. No tanto por afters, lateros, noctámbulos y borrachetes (dios los bendiga), que también. Era sobre todo por los quioscos de las Ramblas, abiertos 24 horas al día.

El paseo desde casa hasta la Boquería, sobre las seis y media de la mañana, era un baño de ciudad. A mí no me molesta la suciedad urbana (no quiero vivir en un hospital ni en Berna). No me molesta el ruido (no quiero vivir en el campo). No me molestan las gentes de la calle.

Pero hoy no había nada, no había nadie.

Pobre Barcelona. Los quioscos de las Ramblas cierran por la noche. No sé a qué hora abrirán, a las siete menos cuarto seguían con la persiana echada. Vamos a peor, era de esperar. La ciudad engorda y se adormece copiando la sombra de sus políticos, de sus visitantes/turistas, de sus habitantes, de un modelo cursi y provinciano que esta panda de paletos remilgados que nos gobierna ha tenido a bien poner en marcha.

Esto es un desastre. Lo de los quioscos es un desastre inconmensurable. Desde luego, me preocupa mucho más que algunos de los muchos desastres que tenemos en agenda.

En fin, mañana tiraré hacia el mar, que al menos se mueve.


8 comentarios:

Janton dijo...

Pero bueno, Sra. Fallarás, me deja Ud. estupefacto.

Que las seis y media no es hora de ir, sino de volver, caramba!

Volviendo, en vez de yendo, sin duda pasaría Ud. por alto, embebida en sus cansancios y cavilaciones, la degeneración que viven las Ramblas. Yo tampoco quiero vivir en Berna, no, pero esta calle antes emblemática a lo que se va pareciendo es al Bronx.

Borrachos y prostitutas ha habido siempre en las Ramblas y no seré yo quien pida su desaparición, que de antiguo le han dado color y calor al paseo, pero es que ya ni los unos ni las otras son como los de antes, Ud. me perdonará el ataque de absurda nostalgia. Los borrachuzos de ahora son vándalos hooligans de cara sonrosada que vienen aquí a celebrar las despedidas de soltero que no les dejarían celebrar en London, y las prostitutas de ahora son bigardas nigerianas que se te cuelgan del brazo y de otros adminículos a la menor ocasión y no aceptan un no por respuesta, y oiga, espero que no me acuse de mojigatería si le digo que por aquí no vamos bien.

Ver el mar es efectivamente mejor. Se mueve, sí, y además estimula las ensoñaciones. Claro que a algunos les pueden venir ganas de tirarse, sobre todo si se dedican a reflexionar sobre los planes y proyectos de nuestros munícipes. Cuento con que no sea Ud. una de ellos.

Microalgo dijo...

A mí las compulsiones no me suelen dar a esa hora, la verdad.

Ejjem.

primavero dijo...

Señora Fallarás, yo me apunto a vituperar al alcalde con pinta de capón, a la oposición son sentido de la responsabilidad institucional (o sea, lameculos y sobornada) y a su base electoral, siempre que haga falta, pero lo de los quioscos nocturnos no es culpa más que de los tiempos, they are a changin’.

Porque, claro, sus funciones son, hoy, a todas luces, superfluas. Por ejemplo, para el suministro de porno duro y barato de forma razonablemente anónima y accesible ya tenemos Internet. Luego está lo de comprar tabaco, pero los precios astronómicos han reducido tan significativamente la demanda, que no compensa tener a un tío en vela toda la noche, con su guardapolvo azul y todo.

La única cosa que podría justificar su existencia es el suministro de periódicos a deshora ya que cuando a uno le cierran el local de madrugada y busca el abrigo de un puerto amigo antes de retirarse a su domicilio, la sección de clasificados resulta, aún hoy, insustituible. Claro está que la mejor forma de procurársela es tomarla de esas pilas que anónimamente algún alma amable deposita al lado de los quioscos todavía cerrados.

Ya le digo, hay que estar con los tiempos y ahora lo que se impone, si uno quiere tomarse el café con leche matutino con tranquilidad, -suspendiendo por tanto la actividad cerebral no mecánica mediante una lectura intrascendente-, son las novelas de Marcial Lafuente Estefanía.

Salud.

P.S. Ay, no. Que no me acordaba que lo fetén es que las novelas no se sitúen en el Far West, sino en lugares aún más ignotos como Hospitalet o Torrelles de Llobregat. Otra putada de ser de una generación tan molongui.

la chica de los recados dijo...

coincido en que es un desastre, recuerdo que cuando volvía de farra siempre compraba allí un paquete de tabaco y pipas para el camino en el metro. què hi farem! ara, lo de que en el campo no hay ruido es un tópico, aquí a las seis de la mañana hay más jaleo que en las ramblas..
saludos,
ina

Anónimo dijo...

Pues si que es triste que cierren los quioskos. ¿Que habrá pasado para que ni culeradas en Canaletas ni manis antiloquesea ni ordenanzas de diseño consiguieron cerrar, se haya cerrado para todos?Porque todos tenemos en la memoria esos guardapolvos azules,lo unico sereno y con temple en retiradas etilicas y movedizas .
Siempre he admirado a esos tipos de los guardapolvos.

En su dia ya me costaba tragar a faranduleros de bohemia rosa que jugaban a ser canallas por osmosis en un barrio que nunca vio nada suyo en miradas que pretendian decir "yo tambien soy de los tuyos" y que buscaban en el estigma social "vivencias autenticas" inspiradoras a falta de un talento que nunca tendrian.

Hoy ni me acerco.No puedo ver la Rambla convertida en LLoret. Pero todo pasa y estos tambien pasaran y yo volvere a ramblear. Y como soñar es gratis quizás algun dia mi madre diga que ahora si que no le importaria volver a vivir en "aquells barris" a los que nunca supo ver ningun encanto.
Josep

mon amour dijo...
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Anónimo dijo...

Señora el proximo arranque pa'fuera que sea pa'ca.
R. eltiopepA.

Desafecto dijo...

No es por tocar los cojones, pero, en general, cuando uno descubre que su entorno, el entorno de su juventud, merma, que cambia, que desaparece, siempre para peor...

...suele ser el primer síntoma de vejez.

Pero no esta vez.
Esta vez, coincido con usted en que se trata de un claro despropósito que no presagia nada bueno.

A menos, claro, que resulte que yo también me esté haciendo viejo...