23 de junio de 2009

ánimo





Sant Joan me pilló sin casa aquel año. No era raro en mí. Acogida por la pareja Cristina Cañadas-Joaquín Chacopino en su piso de la calle Padilla con Rosellón. Si te tumbabas en la alfombra del salón, podías ver las torres de la Sagrada Familia en el ángulo izquierdo de la ventana. Ellos solían preparar ensalada de arroz con grandes trozos de piña y un queso muy blanco y un poco ácido, cosas de la época. Era, creo, 1990. Acababa de descubrir la existencia y la caída del comunismo, todo a la vez. Acababa de descubrir la prensa de manufactura, la existencia de los barrios y el encono de las asociaciones. Acaba de descubrir la posibilidad del mal de la mano de un tipo que no murió de sida.
Tumbada en la alfombra oía los petardos, las bocinas y las ambulancias. Una música lejana, de vecinos. El olor de la pólvora iba encendiéndolo todo, y encendiéndome. Estaba empezando a funcionar el motor de la inteligencia. Estaba sola. Ni casa tenía. Plena.
Esto descubrí entonces, y no lo he olvidado:
La belleza no existe. La belleza es un estado de ánimo.

6 comentarios:

Janton dijo...

La belleza es un estado de ánimo, dice Ud. ¿Y quién soy yo para desmentirla?

Pero a míciertas cosas me resultan siempre bellas, esté del ánimo que esté.

No sé si es que el término belleza es contradictorio, o que soy raro de narices. Va a ser esto último.

Feliz verbena, Sra. Fallarás. Espero que la noche del fuego la encuentre en buen estado de ánimo y por ende todo le parezca bello hoy...

mon amour dijo...

estado de ánimo?? otia!!! igual que la economía (según zp)

ya en serio...terapia... nunca estuve tan solo como una nit de san joan barcelonesa en la que una novia diminuta broke my heart. Cagoentó que nochecita.

Microalgo dijo...

Pues yo me miro al espejo y veo poco estado de ánimo en mis facciones. No sé a qué se deberá exactamente.

primavero dijo...

No, si ya, señora Fallarás. Un cielo claro, las fachadas de los edificios iluminadas por el sol de media tarde… cosas que habitualmente no se nos aparecen como especialmente gratas a la vista pueden, cuando la ocasión lo permite, resultar tan sobrecogedoras como el más espectacular de los paisajes por cuanto tienen la capacidad de arrancarnos –siquiera por un instante- de la tela de araña existencial y hacer que nos asomemos al abismo del aquí y ahora.

Ya decía un tal Rilke, que tenía muy mala salud, que la belleza no es otra cosa que el principio de lo terrible, lo que apenas somos capaces de soportar.

Yo, quizá pelín más sanote, lo confirmo: la belleza, la suya también, nos acerca peligrosamente a la verdad.

Esto, ya está dicho, no representa problema alguno para los espíritus superiores como el de usted, que tienen la capacidad de encontrarla – a la belleza- donde, y en quienes, los demás no apreciamos más que miseria.

Para nosotros, pues, más que de un estado, se trata de si tenemos tener suficiente presencia de ánimo.

Salud.

Àlex Masllorens dijo...

Es mi frase del mes: La belleza es un estado de ánimo. Cierto. Y este mundo tiene los biorritmos bajos, más bien, últimamente.

terry dijo...

Vistes, la parte de aquel árbol de esperanza que sobre, las cenizas de Europa crecía en el 1968 y, en los 90 los leñadores especuladores con sus hambrientas hachas se unieron para cortar las ramas de esperanza, quemando se estas en la hoguera de vanidades.

Mi abuelo solía guardar semillas en una calabaza.