
Últimamente varias personas me han dicho esta frase: “Yo no leo ficción”. De distintas formas la han dicho, pero era exactamente eso.
Me recuerda un poco a aquella pose que estuvo muy de moda hace tiempo y que se ha ido perdiendo: “Yo no leo autores vivos”.
Pero es distinta, claro.
Seguramente fruto de alguna inmadurez, yo sigo en la ficción.
Me recuerda un poco a aquella pose que estuvo muy de moda hace tiempo y que se ha ido perdiendo: “Yo no leo autores vivos”.
Pero es distinta, claro.
Seguramente fruto de alguna inmadurez, yo sigo en la ficción.
La ficción me ha enseñado a relativizar algo en bruto tan tremebundo como tener hijos. A tomar con calma y sin aspavientos sus enfermedades, quebrantos y (posibles) rarezas. Éstas incluso las aplaudo íntimamente, y eso también se lo debo a la ficción.
Es la ficción la que me empuja a no tomarme demasiado en serio a mí misma e incluso echarme alguna carcajada.
La ficción y no otra cosa me ha ayudado a superar algún dolor lacerante no precisamente físico. Por la ficción era un dolor conocido. Era un dolor más en un mundo de dolores. Igual que es la ficción la que ha puesto en su sitio mis triunfos, y los ha bajado a la altura de la nada. Un triunfo más en un mundo de triunfos.
Y es la ficción la que me hace exagerada hasta la caricatura, la que me dibuja el personaje, este personaje y todos los anteriores y todos los paralelos.
Desde el Quijote apenas ha cambiado nada y en cambio se ha contado tantas veces. Mis hijos son los de Buendía. Mis muertos están en Comala. Mi locura es la de Ahab. Mis celos son de Otelo y Campanilla. Mi enamoramiento, de Melibea. Sigo aún los pasos de quien separa el mar y una multiplicación de panes a tiempo todavía consigue engatusarme. Mi horror habita en el corazón de las tinieblas. Sé que mi Hyde está ahí agazapado… Y también sé que nunca, nunca se vuelve a casa.
Sin la ficción corro el riesgo grotesco de creerme única.
Y sí, claro, una idea brillante es incomparable, su descubrimiento, su comprensión, su digestión… Pero es que yo cada vez encuentro menos ideas brillantes fuera de la ficción.




















